Dos personas acordando algo en una mesa, con un cuaderno entre ambas

Por qué no publicamos precios

Un precio en la pantalla es un precio para todos, y no es lo mismo una persona sola que un equipo de doce. Qué hay detrás de la decisión y qué gana usted.

Es la primera pregunta que aparece cuando alguien entra a nuestra página de planes: dice qué incluye cada uno y no dice cuánto sale. Y la sospecha inmediata es la razonable: que se oculta el precio para poder subirlo según la cara del cliente.

La respuesta merece darse completa, porque la decisión tiene motivos concretos y también tiene costos que asumimos.

Dos personas acordando algo en una mesa, con un cuaderno entre ambas

Lo que un precio publicado no puede contemplar

Un número en la pantalla tiene que valer para todos los casos, y los casos que atendemos son muy distintos entre sí.

Una persona que se suma sola ocupa un lugar en la clase de su público y usa la biblioteca. Su costo para nosotros es marginal.

Una empresa que suma doce personas es otra cosa: hay que definir en qué nivel va cada una, coordinar con recursos humanos, a veces armar un grupo separado para que la gente pueda hablar con libertad delante de sus propios compañeros, y hacer un seguimiento que una persona sola no requiere.

Una empresa que necesita cubrir dos públicos a la vez —sus desarrolladores y sus líderes— agrega la coordinación entre los dos grupos y el momento en que conviene juntarlos.

Un precio único que sirviera para los tres casos tendría que ser el del caso más caro. Es decir: la persona sola pagaría por una complejidad que no genera.

Qué haría un precio publicado

Si publicáramos un número, pasaría una de dos cosas, y las dos son peores que esto.

O el precio es alto, calculado para cubrir el caso de la empresa, y entonces la persona que se sumaría sola no consulta. Se va sin preguntar, convencida de que no es para ella, cuando en su caso el número habría sido otro.

O el precio es bajo, calculado para la persona sola, y entonces cuando llega una empresa de doce hay que explicarle por qué el precio publicado no aplica. Esa conversación es mucho peor que no haber publicado nada: se lee como un aumento, aunque no lo sea.

Lo que sí nos comprometemos a hacer

Porque «se cotiza» es la excusa clásica de quien quiere improvisar, y no queremos que se lea así. Tres compromisos concretos:

  • El número llega el mismo día. No hay tres reuniones ni un proceso de descubrimiento. Con saber cuántas personas, de qué públicos y por cuánto tiempo, el presupuesto sale en horas.
  • El presupuesto dice qué incluye y qué no. Las clases, la biblioteca, el período, y explícitamente lo que queda afuera.
  • El mismo caso tiene el mismo precio. No cotizamos según quién pregunta. Dos empresas con la misma cantidad de gente y los mismos públicos reciben el mismo número.

Ese último es el que importa, porque es exactamente la sospecha que un precio oculto genera.

Qué determina el precio, para que no sea una caja negra

Si no hay número publicado, lo mínimo que corresponde es decir de qué depende. Son cuatro variables y ninguna es sorpresa:

  • Cuántas personas. Es la principal. Una persona sola, un equipo de cuatro y un área de veinte son tres situaciones distintas en costo y en coordinación.
  • Cuántos públicos. Cubrir solo Equipos es más simple que cubrir Equipos y Líderes a la vez, que agrega la coordinación entre los dos grupos y el momento en que conviene juntarlos.
  • Qué período. Trimestral, semestral o anual. Los períodos largos tienen mejor valor por mes, por el motivo obvio de que la formación rinde con el tiempo y no queremos que el precio empuje a lo contrario.
  • Si hace falta grupo propio. Solo cuando hay confidencialidad real —un sector regulado, un proyecto sensible—. Es la única variable que sube el precio de manera significativa, porque implica una clase dedicada.

No están en la lista, y conviene decirlo: el tamaño de la empresa, su facturación, ni quién pregunta. Dos organizaciones con la misma cantidad de gente en los mismos públicos reciben el mismo número, sea un estudio de cuatro personas o una filial de un banco.

La alternativa que descartamos

Consideramos publicar un precio de referencia —«desde tal valor por persona»— que es lo que hace la mayoría. Lo descartamos por una razón concreta: el «desde» siempre corresponde al caso más barato, y entonces todo el que no es ese caso descubre en la primera conversación que su precio es otro. Eso es peor que no publicar nada, porque empieza la relación con una corrección.

Y lo que cuesta esta decisión

Nos cuesta consultas. Hay gente que no escribe porque no quiere entrar en una conversación comercial solo para averiguar un número, y eso es completamente entendible. Lo perdemos y lo sabemos.

También nos cuesta comparación. Alguien que evalúa tres opciones de formación puede descartar la que lo obliga a preguntar, aunque sea la que mejor le sirve.

Asumimos las dos cosas porque la alternativa —un precio único que le cobra a la persona sola la complejidad de la empresa— nos parece peor. Pero conviene decirlo en vez de presentar la decisión como si solo tuviera ventajas.

Qué pasa cuando escribe

Para que no haya sorpresa, esto es literalmente lo que ocurre:

  1. Nos cuenta en tres líneas quién necesita formarse: cuántas personas y qué hacen.
  2. Le preguntamos lo mínimo que falte, generalmente en el mismo correo.
  3. Recibe el presupuesto: importe, moneda —dólares o euros—, período que cubre y qué incluye.
  4. Si acepta, se acuerda el medio de pago y damos de alta a las personas.

No hay llamada obligatoria, no hay demostración de nada, y no hay seguimiento comercial si usted no contesta. Si el número no le sirve, no vuelve a saber de nosotros salvo que escriba.

Una última aclaración sobre la desconfianza

La sospecha de que un precio oculto es un precio negociable es razonable y está bien fundada: en muchos rubros funciona exactamente así.

Por eso el compromiso de que dos casos iguales reciben el mismo número no es una frase de cortesía. Es la única garantía que puede dar quien no publica precios, y si no se cumple, no queda nada que sostenga la política. Si alguna vez recibe un número y sabe de otra empresa en su misma situación con otro, pregúntenos: o hay una diferencia real que no le explicamos, o nos equivocamos.

Qué pasa si el número no le cierra

Es la parte de la conversación que suele quedar incómoda, así que la dejamos dicha de antemano.

Si el presupuesto está por encima de lo que la empresa puede, hay dos caminos honestos y los ofrecemos los dos. Uno es achicar el alcance: menos personas, un solo público, un período más corto para probar. El otro es decir que no es el momento, sin seguimiento comercial ni recordatorios.

Lo que no hacemos es bajar el precio manteniendo el alcance, porque eso sería reconocer que el primer número estaba inflado, y ahí volveríamos exactamente al problema que esta política quiere evitar: que el precio dependa de quién pregunta y de cuánto insista.

El mismo criterio en los otros servicios

Vale aclararlo porque a veces se lee como una particularidad de la formación: el gerenciamiento, el servicio editorial y el desarrollo también se acuerdan por presupuesto, y ahí la razón es todavía más evidente. Nadie espera un precio de lista para publicar un libro o para dirigir un equipo durante seis meses.

La formación es el único caso donde un precio publicado sería técnicamente posible. Elegimos que no, por los motivos de arriba, y con el compromiso de que el número llegue rápido y sea el mismo para casos iguales.

Escríbanos contándonos su caso o vea qué abre cada plan.

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